Un chocolatito en el destierro.


Es sábado por la mañana, el sol comienza a levantarse sobre las copas de los árboles desnudos, el viento frío de la temporada  no deja de soplar, es un  buen día para salir de patas de chucho, a abrir la boca y chotear el ambiente navideño en el centro de la ciudad, si estuviera en Guatemala diría  “a sextear”, pero aquí es: ir a chompipear al “Down Town”.


Eso de ir de la casa al trabajo y del trabajo a  la casa, se convierte en una rutina desgastante, pero hay sol, así que el centro nos espera.
Mi hermana y yo nos trepamos en el carro y asaltamos las autopistas de la gran urbe,  conduciendo kilómetro tras kilómetro hasta llegar al corazón de la ciudad, ya allí, se ve gente turisteando, de todo tipo de países, por manojos cruzan las calles, que si no te parás bien te botan. Hay  hombres de disfrazados de “ Santa” prácticamente en cada esquina, los pilas de siempre, los artistas ambulantes que tocan el saxofón, y sacan de allí notas navideñas,  a un lado la cajita de cartón para que deposités allí  en “efectivo”  tu agradecimiento a su esfuerzo.

Atravesamos la calle Michigan,  y entramos al estacionamiento, pagamos $16.00 por el día completo,  en fin de semana esa es la oferta, entre semana te toca pagar mínimo $16.00 por una hora. El viento de la ciudad nos pega en la cara cuando bajamos el automóvil, nos damos cuenta que los guantes de lana no serán suficientes para evitar “congelarnos” en plena calle.

Se ve de todo, gente caminando con sus niños en carruajes, sin más abrigo que una chumpa y una frazada,  vaya que hay gente desconsiderada. Otras patojas que andan en minifalda, abrigos y botas largas,  sin mayor pena que  la de no caerse al pararse sobre  la nieve congelada. Caminan con tal elegancia que vos al verlas te imaginás que modelando en una pasarela van.

Por el contrario nosotras llevamos botas sin tacón, -con lo patantacas que somos para caminar-  para evitar cualquier incidente y que el porrazo desde aquellas alturas sea mayor.  Ya con los abrigos bien puestos, agarramos camino a andar sobre las calles del centro, a las que pocas veces llega la luz del sol: los rascacielos la atrapan entre sus techos y sus paredes.

Los centros comerciales te dan la bienvenida con música navideña, el “Santa” para los niños, y  un “mango de hombre” regalando abrazos, atrás anda un termo de café y te ofrece un vaso gratis también. Pero no tengás pena que en lo que comprás  te cobran el suelo del patojo, el del hombre de barba blanca, la banda de música en vivo y el café.

Las calles son asaltadas de gente con video cámaras y cámaras fotográficas, en montón se dirigen a la Plaza Daley , en donde está el árbol navideño, las ventas de temporada y el  hombre de blanco y rojo, regalando dulces. Hacia allá vamos nosotras también, hemos caminado cinco cuadras desde el estacionamiento, ya llevamos la nariz roja y las orejas  que arden del frío,  pero  el clima no detiene, es sábado por la mañana, el ambiente invita a caminar por el centro de la ciudad.

El árbol no ha sido lo que la comunidad esperaba,  un  pino de pie, adornado con bombillas de colores,  en años anteriores ha sido uno de los mejores del país. Pero nos tomamos la foto del recuerdo.  A su alrededor te encontrás con las ventas –tipo las del Parque de la Industria-  de vino caliente, gorros, bufandas, adornos y curiosidades  de países europeos, también artesanía de Latinoamérica, “shucos” al estilo las Nueva Yores,  y todo antojo que querrás lo encontrás allí, en esas diminutas casas de madera al estilo europeo.

Se nos antojó un vinito caliente, pero de ver la cantidad de personas  en línea de espera, desistimos y decidimos volar pata entre las calles,  mundos de personas caminando con su media docena de bolsas de Macy´s,  justo enfrente de la tienda adornaron con enormes trompetas,   que sobresalían de la banqueta,  atrás  al finalizar la avenida el  enorme rótulo ¿del cine Chicago? Una fotografía del recuerdo, y esperar a cruzar la calle y continuar con la sexteada que nos andábamos dando.

En la esquina: faltando una cuadra para llegar a la Avenida Michigan,  justo atrás del edificio del Centro Sinfónico de Chicago,  en uno de esos callejones oscuros,  hay un joven  de pie, recostado sobre la pared, es imposible que deje de verlo: es moreno, prieto azabache, con una murushera  como la de Bob Marley , esa barba de tres días que le da un toque de chico malo, lentes  de media gota, fuma un cigarro con tal clase,  que me importó un pepino  la contaminación de mis pulmones; le he dado la regañaba del siglo a mi hermana: por no avisarme con tiempo de semejante  panor
ámica, a esas alturas y con el paso que llevamos yo no puedo encender la cámara y fotografiar “con casaca” a ese papaíto que mis ojos no pueden dejar de ver.

Estoy que me jalo el pelo,  mi pobre hermana me dice: “Negra pero es que cómo podía avisarte si mirá  esta esquina esta pelona;  iba   echar color que a él le estabas tomando la foto”, le dije: “ A la otra si mirás un papíto rico así, no me digás nada, porque sólo con la cólera me dejás”.

Continuamos la caminata hasta llegar al Millennium Park,  justo al pie de la fuente de agua en verano, -que tiene imágenes de rostros humanos-  se planta la pista de patinaje,  un resto de mara entre que patinando, otros rodando, muchos gateando y el resto shuteando se llena el espacio de hielo, un “Santa” encaramado en patines anda tomándose fotos con todo mundo, dando a la temporada  el anuncio de las vísperas.  Me paro sobre una montaña de hielo mientras mi hermana trata de fotografiarme,  pero los rayos del sol dan justo en el lente,  la foto se vuelve un tormento, con aquello de : “agáchate mejor, movéte para la derecha, levantá la cara, no, así no, ponéte de perfil, bajáte de la montañita y paráte en la otra”. Ninguna de las tomas salió bien, el señor sol no nos quiso dar solvencia.

En eso se acerca un muchacho, y nos pregunta en inglés si le podríamos hacer el favor de tomarle una fotografía en la montañita de hielo, mientras nos extiende su mano con su cámara. Le tomé las fotografías, de igual manera con el relejo del sol a medio cuadro,  fue motivo de risas y de bromas,  al escuchar su acento en español  pienso que puede ser chileno, y le preguntó de qué país es, me  responde que chileno, en ese momento me da por levantar las manos y cantar  la de Américo: “ que levante la mano  quien no lloró un adiós, que levante la mano quien no sufrió por amor”, el chico encantado levanta las manos conmigo y hacemos coro con la misma canción.

N´mbre por poco nos ponemos a bailar allí una cueca chilena,  mientras bailábamos su cámara falleció en sus brazos, las baterías recargables se descargaron y el pobre apenas había llegado al parque. Mientras tratábamos de revivirla dándole respiración boca a boca y practicando el RCP –Respiración Cardio Pulmonar-  nos cuenta que  llegó a Chicago  por parte del trabajo a recibir una capacitación, que su único día libre es ese y que dentro de cuatro horas sale su avión para Chile. EL  pobre hombre tiene la angustia a flor de piel, no se llevará ni una sola foto del centro de Chicago.

Bromeando  nos pregunta si le podemos tomar aunque sea una con  nuestra cámara y enviársela  por correo electrónico. Para mientras apagamos su cámara, cinco  minutos después la volvemos  a encender,  y logra tomar una fotografía antes de petatearse nuevamente.
Accedo a tomarle la foto con mi cámara,  y continuamos los tres el paseo por el parque,  nos muestra sus  dos pasaportes el chileno y el italiano,  con el segundo no necesitó visa para entrar a Estados Unidos, pero con el chileno muy probablemente no hubiera podido viajar, la embajada  americana se las hace cansadas con tanto  requisito, para decirles  finalmente que no les da la visa.  Hablamos de Guatemala, de Centro América,  del Cono Sur, del verano en chile, de Isla Negra y de la muerte de Violeta Parra. Hablamos de los lugares turísticos de Chicago, del viaje en tren,  del frío en invierno y de la vida del emigrante.

Decidimos ir a tomar un chocolate caliente, y entramos a una de esas tiendas que abundan en el centro de la ciudad: Starbucks. Cristian carga su ordenador portátil dentro de un  pequeño maletín,  nosotras: la cámara, el palito de tres patas y mi morralito. La línea de espera es enorme, en la calle Michigan siempre lo es, no importa la fecha ni la  hora.  Logramos acaparar una de las pocas mesas que tiene esa tienda y armamos campamento, mientras hacemos la larga cola para ordenar los tres chocolates calientes y tres panes de no sé qué, crossanes.
Como buen caballero –y de los  pocos  que he encontrado aquí-   paga la cuenta. Yo prometo que cuando vaya a Chile seré la que invite a las empanadas. Ya entrados en el calor de los chocolates y de los crossanes no sé qué,    nos  pregunta en qué trabajamos,  yo lo veo fijamente a los ojos y le digo: “hacemos limpieza en casas.”

Esperé su reacción,  pero él siguió viendo mis ojos y sonrió,  nos dijo: “¡somos del mismo grupo!” Y nos comenzó a contar de su vida de exilio, cuando salió de Chile hacia España en donde era llamado “Sudaca”, como suelen llamar las y los españoles en término despectivo a todo aquel que llega a esas tierras provenientes del sur del continente americano. Nos contó de su exilio en Inglaterra, en donde trabajaba haciendo limpieza en oficinas, en restaurantes, lavando platos,  limpiando los salones y baños de la universidad Cambridge. De su destierro en Gales, en donde compartía apartamento con más de una persona, porque solo alcanzaba el salario para pagar la renta.

Nos comentó que nunca se avergonzó de su trabajo,   porque lo dignificaba como migrante. Cuenta que en la universidad Cambridge, mientras trabajaba limpiando baños, llegó una estudiante extraje
ra,  a solicitar trabajo de limpieza, quería ganar  dinero extra, para comprar algunas cosas,  era una chica china que al graduarse regresó a su país de origen y hoy en día es gerente de una de las empresas más productivas del país. Una amiga en común, le comentó a Cristian que aquella mujer de ahora cuarenta años, saluda de buenos días y con amabilidad a toda persona que trabaja en mantenimiento en su empresa. Nadie de allí sabe que ella en su tiempo de estudiante también lavó baños para ganar dinero. El trabajo dignifica.

Yo le comenté de lo que sucede en los centros nocturnos, cuando vas a rumbear,  y el chico con quien estás bailando te pregunta en qué trabajás,  como no puedo mentir les contesto con la verdad: “ I´m a housekeeper” en la mayoría de casos,  esperan a terminar posible.
Algo que no me molesta,  porque mi trabajo me dignifica, de él como, el que ellos no te vean como una persona de su clase o de su nivel porque tu trabajo es en mantenimiento, la verdad no es problema mío. Por eso cuando salgo a rumbear, lo que menos hago es conversar,  voy a bailar y a pasarme un buen rato, es todo. Cristian cuenta que le pasaba lo mismo en sus años de exilio, pero nunca mintió sobre su trabajo.

Hablamos del dolor de emigrar, de la frustración de no desempeñar la labor con la que soñaste, pero también  hablamos de los sueños, que estos son los único que no podemos abandonar,  que  debemos mantener viva la llama, la idea, el deseo del regreso, del retorno, del volver. Y  hablamos de esas canciones que te queman en alma en el exilio, recordamos la  inmortal de Illapu: “ vuelvo a casa vuelvo compañera, vuelvo mar montaña  vuelvo a puerto,  vuelvo al sur saludo mi desierto, vuelvo a renacer amado pueblo” y  sentados en aquella mesa, tomando chocolate, coreamos los tres la letra universal de aquella canción :” Vuelvo amor vuelvo, a saciar mi sed de ti, vuelvo vida vuelvo, a vivir en mi país”.

Después de diez años de destierro Cristian volvió a Chile,  a sus raíces, a sus sueños, volvió al Santiago que lo acompañó en sus nostalgias del destierro, un año después, es gerente de una empresa de exportaciones inglesa, establecida en su país.
El tiempo comenzó a volar… la tertulia se nos hizo corta, él tiene que volver a el hotel en donde está hospedado para guardar su equipaje y abordar el avión que lo llevará al transbordo en Canadá y de allí aquel enorme pájaro de acero, surcará los horizontes, hasta llegar al sur…
Nos despedimos  en la salida de la tienda, él tomaría el tren hacia el aeropuerto, en la estación central,  nostras nos dirigiríamos hacia el estacionamiento, él volvería a Chile y nosotras soñaríamos con el regreso a nuestra Guatemala.

Cristian y yo compartimos el mismo sistema para aprender inglés: leyendo libros y escuchando música en ese idioma. Él con su acento de Inglaterra y yo sin acento, porque aun no lo logro dominar muy bien.

El último brindis lo hicimos  sobre la calle Michigan  era el  Día Internacional Del Migrante,  tenía apenas pocas horas de  haber circulado la noticia: “Estados Unidos dijo No a través del Senado al Dream Act”, desbarató los sueños de estudiantes  indocumentados que querían optar a la educación superior y al acceso de documentos legales. En el Día Internacional Del Migrante, Estados Unidos, dio de nueva cuenta una bofetada a sus hermanos del patio de atrás.
El viento frío  nos abraza, ambos levantamos los tres vasos de chocolate y brindamos por nosotros, las y los migrantes alrededor del mundo, por quienes estamos fuera, por quienes han podido retornar y por los que vendrán.

Entre la multitud lo vimos perderse, con sus dos pasaportes, su ordenador portátil y la promesa de vernos nuevamente en Santiago, Chile. Como despedida sus palabras: “disfrúten el destierro que después van a sentir nostalgia  de el”.

Así terminó el paseo por el centro de la ciudad: con un nudo en la garganta, con un abrazo y un adiós, con la nostalgia a flor de piel: pero con el sueño vivo, que de volver tenemos… ¡y  de realizarnos también!

Ilka Ibonette Oliva Corado
19 de diciembre de 2010.
Estados Unidos.

4 comentarios

  1. El Gran Hegemon del Norte,no deja de ver a sus “hermanos” del Sur como los poorly educated, low skilled-brown-tercer-mundistas. No merecedores de otra cosa mas que ser los sirvientes que atiendan y cuiden de toda su gran Republica Bananera en su “Backyard” Latinoamericano.Esto a pesar de auto nombrarse el gran ejemplo y la vez promotor y defensor de los maximos ideales de convivencia humana, libertad y democracia.

    Y La Madre Patria? Para ella no mas que Indios, Sudacas de Mierda a los que hay que bajar de los palos y civilizarlos a pura verga.

  2. René Oliva (Fidel)

    Que bueno que hayas pasado un buen dia, y eso del chocolatito se me antojo (con lo que me gusta.
    Pero difiero de los comentarios anteriores, en lo que coinsido es en disfrutar del momento y del lugar donde estes; creo que la vida de una persona es como un circulo, comenzamos en un punto para llegar al final al mismo punto, somos de una tierra muy bella y con muchos valores que, pienso que tarde o temprano vamos a regresar a ella, pues nuestros familiares aunquesea empaquetados en una caja nos quieren ver… de nosotros depende si queremos disfrutar del amor de nuestra familia y sentir el aroma de nuestra tierra, o pensar egoistamente y no regresar a nuestras raices… ni muerto.

    Por lo demas ya sabes que me fascinan tus escritos, un fuerte abrazo y felices fiestas. con carino. Fidel.

  3. Hay gente que se queda fuera, hay gente que regresa, lo importante, como dijo tu nuevo amigo chileno, lo importante es saber disfrutar cada día y momento, estés donde estés, porque en todos lados hay cosas bellas que disfrutar, en todos lados hay situaciones y personas que te enseñan lecciones valiosas de vida, en todos lados se llora y en todos lados se crece. Qué lindo día el que pararon teniendo!

  4. NO mucha… eso de regresar, no…

    Al menos para mi dejar de pensar en el regreso me ayudo a establecerme mejor, como pude me busque una gringa aunque sea fea, de todos modos, divorciarse aqui es lo de moda, y ya soy legal, nosotros los chapines venimos a quedarnos.

    Meditenlo.

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