De la aventura de emigrar.



Aprendí pronto que al emigrar se pierden las muletas que han servido de sostén hasta entonces, hay que comenzar desde cero, porque el pasado se borra de un plumazo y a nadie le importa de dónde uno viene o qué ha hecho antes. (Isabel Allende)


Todo comenzó  porque me quedé bateada,  con mi pititanga de la verde amarela, yo ya  me hacía bailando samba para la final del mundial, pero nones. Y mi hermana para terminarme de restregar la herida con limón, pepita y chile (pero no chiltepe)  me dijo: “la pititanga te la podés poner pero que el bucul te deje bailar es otra cosa”.

Para los que no son jutiapanecos,  y los que sí son pero que se quieren hacer pasar por capitalinos, allí les va la explicación de lo que es bucul. Es un morro (o jícara) al que le vuelan la chapa, tapadera o ayote,  le sacan las tripas y lo ponen a secar,  después  lo utilizan para guardar las tortillas recién salidas del comal.

En  las tardes  de  mi amada Comapa, cuando suben las aldeanas al pueblo,  se escucha a las mujeres que descansan bajo los palos de café, de plumajillo, o de  jocote de corona, “ ¡mirá esa Esmeralda qué buculuda está!” Por  no decir : · mirá que timba, cirimba, panza (de pupo mareño).
Me puse a pensar que  el bucul es Made In Guatemala, ¿quién no tiene un bucul? ¿Cuántos en tu casa no tienen un bucul? La talla es otro paisaje va,  desde la 0 al infinito… pero eso ya depende de la atipujada que te des con tu trompota. 

Las playeras deberían de decir en lugar de ¡100% Chapín!, ¡100% Bucul!  ¿Yo vengo de Buculandia y usted cuándo va? ¡Buculandia tiene el  lago más hermoso del mundo!  Cuando te pregunten de qué país sos  dirías, ¿de Buculandia? ¡Buculandia es calidá!

Tengo algunos conocidos a los que iba  a fichar con nombre, foto y apellido porque andan un su bucul marca Acme,  vos dirás han de ser botonetas ; tamaleadas las que se dan, pero no, también las hay flaquitas con un su bucul tamaño panza de  siete meses de embarazo, así que no todo lo que brilla es oro y no sólo comen hojas.

Que si no son las coronas de oro incrustadas en los dientes, es el pelo de quetzalito, el pie plano, el choreque de chorro,  las patas cutas, o bien el bucul que es sello nacional.
El bucul que me ando echando  y lo ando a tuto (bueno lo de a tuto es literalmente porque no creo que me llegue hasta esas alturas más sería hasta las rodillas)  con orgullo en el extranjero, (ajá) me hizo recordar los modismos que en el pasar el tiempo se extravían. Y es que negar mi bucul sería negar que soy Made In  Comapa- Ciudad Peronia-Guatemala.

Y es que  los que  emigramos,  cargamos con tanto, todo lo hacemos un montoncito allí a las carreras y lo mantenemos en el fondo del corazón, allí tratamos de resguardar en el único lugar que sentimos seguro, lo que dejamos atrás y que no queremos que  lo incierto  de la tierra extraña se encargue de borrar de nuestra memoria.

Te querés llevar de un solo viaje: los modismos, el acento, los paisajes, el olor a tierra mojada regada en verano a puros palanganazos, del invierno; los lodazales,   de mi amada Comapa;  las manos enormes de mi abuela, y  de mi abuelo el verde esmeralda de sus ojazos. El amarillo vivo de la flor del chipilín, las guayabas silvestres que abundan en los cercos de alambrado, y el rojizo encendido de jocote de corona,   las lombrices que  a esas no las extrañás porque  viajan con vos en tu bucul. ¿Bucul?

Los modismos varían dependiendo la región del país,  los  capitalinos chulos por lo general no entienden ni pura estaca  cuando se expresa en forma verbal (ni con mímicas) un individuo nacido, crecido y mantenido en la provincia. Pero el sopapo te lo llevás cuando venís a dar a un país  como Estados Unidos. Aquí  la que vale  pura estaca sos vos, porque te encontrás con  una infinidad de modismos, ¡que alagrán!, los que menos escuchás son los chapines, y es que ya es bien sabido que el chapín cuando llega a otro país, (generalmente) olvida de dónde va, y  aunque la cabellera de quetzalito lo delate y el bucul (que es marca registrada  Made In Guatemala) a toda costa quieren negar la cruz de su parroquia.

Entonces venís y te encontrás con que ya no es jalón sino raite,  ya no vas a almorzar sino a lonchar, que no vas a trabajar sino al jale o al brete, a las cansadas que dijeran a chambear yo le atinaría pero esas sus expresiones del país vecino, …uta…ma… o hablan en inglés o terminan de masticar bien el castellano, pero  una ni la otra, de repente te encontrás que el botón del ascensor no lo apachás o presionás sino que lo puchás, ya no tenés picopito sino una troca o camioneta.
El calor es medio femenino porque escuchás expresiones de: ¡ hace una calor insoportable!, que las chocas son coras,   ya ni a monedas de a veinticinco  len llegan. Que sos manta (ajá como la de las tortillas) en lugar de amiga. Que en lugar de  estar viendo  el partido de fútbol lo estás guachando.

Los modismos también se extravían en el paso de las generaciones,  por ejemplo  al leer a Miguel Ángel Asturias, hago de cuenta que estoy escuchando hablar a mi abuela, porque ella cuando tiene hambre tiene “necesidad” y allí vos si entendiste que te está hablando del hambre. Que la pana es palangana o guacal. Que te apeés, pero me encanta   cómo suena el apiés. Malaya sea mi suerte dijo mi abuelo cuando se le escapó  viva la primer novia. Pero el malaya de la generación  de mi Nanoj tiene otro significado.
Porque ahora ya no te  batearon sino que te vicksearon,  te echaron flit, o Cofal. Ya no te congelaste, enmudeciste, asustaste  al ver a tu agarre con otro prense, en pleno soque  sino que te friqueaste, al percatarte que allí venía la traida y los agarró caídos.

En el exilio vos aprendés irónicamente a conocer mejor tu país,  porque hacés un recuento palmo a palmo y es que tenés todo el tiempo del mundo, para inmiscuirte entre el largo tejido de tus recuerdos y caminar a paso lento por toda la Avenida Bolívar de tu juventud, bajás por la 4ta. Avenida y la 18 Calle y seguís volando pata adentrándote en el mercado La Placita, te metés dos mangos de paishte bien maduros, un atol blanco con frijoles, pepita y chile, y para cerrar con broche de oro, un tamalito de chipilín tostado en el comal. Ya  con el bucul sellado con olote, ahhhh no, no, el del olote es otro no el bucul, perdón me confundí. Pues con el bucul ya sellado con chicle Bazooka o un Corvis de cardamomo,  sólo tenés que preocuparte porque el olote haya casado bien, de lo contrario apresurá el paso y no te vayás a abrir la boca al Centro Comercial de la Zona 4.  Pensándolo bien, allí hay dónde descansar las ansias.
Ya con todo bajo control te  pegás el regresón a la 18 Calle y te comprás un tu  bolzón, o tu pelota de fut, de las que guindan en redes  ¡y chish la droga son originales! Pasás a la iglesia que está a un costado del Mateo Perrone encedés una tu veladora de las que valen cincuenta len y esperás a que salgan los  patojos de clases para darte tu refrescante visual. Allí caminan con  corte de pelo del momento: el estilo hongo con doble lamida de vaca. Las patojas con sus rulos de veinte y cincuenta centímetros de altura, detenidos a pura gelatina o de la saliva al nomás despertar y sin lavarse los dientes porque es espesa, espesa.

Pero si querés un tu shuco andáte atrás del Liceo Guatemala, con tierrita y todo te los bajás de un solo atipujón. Ya se sabe que si llegás tarde a la casa te van  a recibir con chicotazo limpio, y es que las mamás no entienden razones simplemente porque (aunque te hagás un queso craneando la casaca) cuando vos vas ellas va vienen. Así que llegás tarde y allí va el primer zapatazo, el sartén, y si en las carreras lográs salir con vida al patio, allí comienza lo bueno, porque es de ir a traer el cincho, la vaina del corvo, un chiribisco de los que hay cerca del polletón, un chilío (rama tierna de algún arbusto) y allí te hace bailar la Sopa de Caracol en un solo pie,  le devolvés en especie el pisto que te gastaste en los mangos, el atol y el tamalito, y si bien te va te quedás con el olote sino también lo devolvés.

En gringolandia los patojos se salvan de vivir, sí porque esas zarandeadas ¡son vida!  Aquí clavan a los papás, les meten la policía y jule canelos a corte y a  la cárcel todo por querer corregir  (a su manera) a los hijos, es por eso que hay tanto  de todo, porque en principio quienes les dan amor son las niñeras no los Tatas. En fin…, pero ese es otro paisaje.

En gringolandia no vas a ver a aquel resto de mara subida en una palangana de  un picopito, hasta tristeza da ver aquellos carrones vacíos y uno allá deseando jalón. Porque vos pediste alguna vez jalón ¿o no? Por si la respuesta es no,  no sos tan Made In Buculandia, o sos capitalino tirándole a extranjero, sí porque los capitalinos ya no quieren ser de Guate, no mirás que sólo música en inglés escuchan pues, y en lugar de decirte hola de dicen Hi, y es que el lugar  no estaba lleno sino full. Que si tuvieran pisto te aseguro que hasta se harían un su arañazo de león para cambiar la apariencia chapina que la llevan  (muy a su pesar) hasta en la forma de andar.

Y de las cosas que extrañás es ver en las esquinas al que vende chicles, el que lustra zapatos, el voceador de periódicos que pasa en las calles ajenando su mercancía. Al recogedor de botellas y papel periódico, al que afila cuchillos y al que vende quesos en una su pana plástica que anda en el hombro. Quien venda tamales los sábados y te alegra los jueves con un pache, la abarrotería de la esquina en donde encontrás a los mismos charamilas de siempre. La venta de Tropigas. Y cuando se va la luz el corre, corre por la búsqueda de candelas antes de que se terminen en la tienda.
Extrañás la cortadas, las shecas, las hojaldras,  y un tu pan francés con frijoles a la hora de la refacción  (aquí no hay  hora  de refa establecida como en Guate). En Guatemala no hay trabajos de medio tiempo, y aquí abundan, es por eso que la gente se mata trabajando hasta tres turnos al día en diferentes oficios. El país no duerme, así son las potencias imperialistas.
Las chicharras sólo te cantan en los días de nostalgia, y es que la magia de tus recuerdos acarrean el murmullo que retumba en el fondo de tu corazón.

Los carros no sacan humo negro y en Guate, te dejan shinoleada si te parás a esperar el bus durante quince minutos, la añelina ya no te hace falta. La primera vez que vi un autobús en la ciudad de Chicago me asusté, porque abriendo la boca en una banqueta estaba cuando escuché  una voz mera rara,  y qué si les tienen grabadas las paradas y allí va aquella máquina echando punta anunciando cada estación. De dónde tu ayudante gritando; el Trébol, La Florida, Guajitos directo, Zona 18 directo hasta San Pedro Ayampuc (¡noijuelagrán!) y por supuesto no podría negar la cruz de mi parroquia, dejáme aclarar la voz: !Ciudad Peronia, Terrazas, La Fuente!

Como si fuera poco el tener que emigrar resulta que también se borra automáticamente (literalmente) tus huellas digitales, aquí nacés de nuevo, y  a echarle punta a lo que venga, de dónde venga y con quién venga, aprendés a hacerte los quites como machetera profesional (pura Pasaco)  o a tetuntazo limpio, y tratás de mantenerte en pie, pero hay ocasiones en que la diáspora agobia y es allí cuando recurrís al baúl de los recuerdos, ellos te alientan, te abrazan y te recuerdan quién sos, de dónde venís (de buculandia) y hacia dónde vas (de regreso a buculandia).
En gringolandia no es como en Guatemala, que “ como te ven te tratan” aquí podés ir en tu ropa más vieja a una fiesta que nadie se percata de eso, (claro si no es fiesta de guatemaltecos claro está) de que si cargás joyas de cuántos quilates son, que si tu carro es una nave o una jarrilla. Aquí hasta la que  trabaja limpiando casas anda una su nave como carro y a nadie le importa ni le quita el sueño. En Guate le mirás un carro dos que tres a fulano y es que de seguro ya anda metido en babosadas por eso el cambio. O si la fulana anda un su carro de modelo reciente es seña que tiene un su chashpean que se lo compró. (A veces sí).

Algo que me llama poderosamente la atención es que en el país del tío Sam, la mara recién llegada se enyuca, enjarana, ensarta, comprando un carro de doble tracción, a veces viven como 15 en un apartamento, pero tener carro de doble tracción es lo que les da la comodidad, ni siquiera han terminado de pagar el dinero que les prestaron para la venida y ya se enyucaron con un carro, y tiene que ser de doble tracción, nada que un sedan, como si  las autopistas de Estados Unidos, fueran los potreros en donde crecieron.


Al mes de haber llegado ya no te quieren hablar español y lo peor es que tampoco hablan (hablamos) inglés. Entonces enmudecen de seguro.
Aquí la gente no se baña a palanganazo limpio, ni con agua fría de tonel, ni mucho menos en las quebradas, no, no, aquí te bañás con agua tibia y en tu bañera es por eso que al regresar a Guate, se friquean cuando vuelven a la realidad y reaccionan que ya no están en el país de primer mundo.

Algo muy curioso y sólo los que estamos del otro lado del cerco vivimos; es la cuestión esa de que la gente al enterarse de que estás en el extranjero (peor si es USA) saber de dónde consiguen tu número de teléfono pero allí te están llamando, para que les prestés dinero,  gente a la que medio le hablabas allá, que prácticamente sólo el saludo les dabas resulta que al verte desterrado, son tus mejores amigos,  te llaman (con su tamal hecho) para saludarte, y después que te pasa el susto, te dejan ir la daga: mirá mamaíta necesito pedirte un favor, tengo una necesidad grande,  no me hacés el favor de prestarme tanto y te los devuelvo tal fecha. Y lo peor que las cantidades son exorbitantes, oséa la gente se imagina que vos venís a recoger el pisto, pero ya los quisieras ver limpiando una casa de las que te tocan aquí. Te aseguro que no aguantan ni un día no digamos una semana el mismo trajín. Y quienes ya llevamos años, en el oficio de mil usos, o somos bestias o  nos pasamos de vitaminas.

Y entre los temores, porque los tenemos, yo misma los tengo: es el regreso. No sabés si la gente será igual, (por supuesto que no, todos cambiamos) porque para ellos  sos la que se fue, y de alguna manera te perdés ser  parte del clan, por distancia física (no emocional) el contacto se pierde y ya no sabés si después de la emoción del tercer día de tu llegada te aceptarán como la que retornó a su tierra, a su nido, a su hogar.

No saben que vos aquí, perdida, extraviada, dentro de la inmensa nación, tan sólo pensás en el día del regreso, y mantenés viva en tu memoria la imagen y la voz de cada ser al que amás, que te morís de las ganas de abrazarlos, y contarles  que la vida en el exilio es una muerte a cuenta gotas, que gringolandia con todo y su lujo de primer mundo no tiene el calor humano de  la tierra del bucul.
Que has llorado mares, que has superado barreras, que venciste tus propios miedos, que también te has sentido derrotada, que has necesitado en las noches frías un abrazo que lleve envuelto el latir de tu tierra,  y en las noches de verano como hoy, en lugar del aire acondicionado, una buena hamaca  y un vaso de chicha.
Que tu oficio es ser mil usos, que tu inteligencia la guardás porque no es necesaria, que lo que  extrae el país de tu condición de emigrante son: tus manos,  tus piernas, tu cuerpo,  es la mano de obra, nada más importante que eso: la mano de obra.

Les querés contar que veniste a crecer en todo ámbito, que emigrar te ha ayudado (irónicamente) a mantener tu identidad intacta y fiel, que el exilio ha sido una prueba de fuego, en la que muchos perecen y los que se mantienen en pie  y no han sido comprados por el lujo capitalista es porque tienen bien pegada al ombligo la tripa de tierra.
Ese hermoso terruño. ¡La tierra del bucul!

“Los lugares se llevan, los lugares están en uno.” (Jorge Luis Borges)

Ilka Ibonette Oliva Corado.
Jueves, 08 de julio de 2010.
Estados Unidos.





10 comentarios

  1. VIVI TRECE AÑOS FUERA DE GUATE Y SE LO QUE CUESTA EMPEZAR. PERO HASTA ESA LUCHA ES POSITIVA PUES TE HACE CRECER Y VER LO GRANDE QUE ES EL SER HUMANO Y QU AQUI Y ALLA HAY GENTE NOBLE, BUENA QUE COMPRENDE Y PRACTICA EL AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS.QUE LINDA FORMA DE EXPRESAR LA NOSTALGIA Y EL AMOR A BUCULANDIA.

  2. Dicen que cualquier tiempo pasado es mejor, y efectivamente así lo siento. Los que nacimos después de la mitad del siglo XX en Guatemala, todo tenía otro sabor, otro olor. Hoy tan lejos y tan cerca de esa tierra que como bien dice Helena en ella nunca te sentís extranjera. Por bien que te haya ido estando fuera, no hay nada como que te digan…a usted es hija de fulano, a..usted estudio en tal lugar. Ese paisito con sus hermosos volcanes nunca dejará de ser nuestro. Aunque a muchos que tuvimos que salir, dejando amores entrañables y hermanos desaparecidos, siempre extrañamos lo que fue ayer, lo que es hoy es otra historia. Carajo quién no sabe que es tecomate, o bucul…que hermoso narrador.

  3. Beber agua del tecomate,como comer tortillas calientitas del julon son experiencias que amalayas a cada rato aqui en los Esclavos Unidos.

    Le voy a Holanda Para campeon porque(como dijo El Chila)yo no me siento Espanol mucho menos considero a Espana la madre patria. En Espana nos tratan muy mal y nos discriminana mucho.

  4. 'Onde estabas (guachando el mundial…?). Por ese asunto de la nostalgia, ya como que empezaba a amalayar tus letras ciberneticas. Pero(como dice el bien amado Chilavert)”aqui lo importante es”, que ya has hecho presencia,! y de que manera muchacha!.

    Soy Jutiapaneco nacido y creado en el valle-la cabecera deptal.- Siempre fascinado con la calidad, la chispa, la inventiva de la que hacemos gala cuando se trata del vocablo- vernaculo-popular. Somos numero uno no hay duda, y para auqellos que no lo creen asi, ahi estas vos Ilka como una de las maximas exponentes de ese atributo muy Jutiapaneco.Lamentablemente, aqui en “gringolandia” por razones que yo atribuyo a la falta de una solida identidad nacional somos adeptos a la adopcion the extranjerismos(no tiene nada de malo)que pone en entredicho nuestro origen.

  5. Buena onda, vos Ilka, tus catarsis me ponen a recordar, a veces a pensar en cosas que se han vuelto tan cotidianas que las pasas desapercibidas.

    Excelentes referencias y a acuchuchar el bucul.

    y de antemano, salú pa'l sabadito y domingo futbolero.

  6. Puchis usted…, realmente muy pero muy gueno…, realmente creo que nos hace falta mucho para mantener el chapinimos, porque ahora en Guatemala ya no decimos que chilero, sino que chido…, no decimos mucha sino el grupo…, total gracias por dejar para la historia estas cosas que no deben de perderse… Realmente es un gusto leerte.. Jorge

  7. ¡Me quito el sombrero! ¡No pudiste haberlo descrito mejor!

  8. Ya hasta me caigo mal que siempre que comento digo lo mismo: qué rico leerte, tan de adentro del corazón (y esta vez del bucul!)
    Yo ya no estoy desterrada como vos, pero cuando te leo recuerdo y comparo cuando no estuve aquí y mi proceso fue muy diferente (era guira y los guiros se acostumbran rápido a todo) y a la vez tan igual.
    Pero no me negarás que aunque vivir fuera tenga ventajas, aunque sea tu decisión personal, aunque estés contenta y satisfecha y todo lo que querrás, lo que se tiene en Buculandia es que aquí pertenecés. Aquí no sos extranjera (cosa que jamás dejás de sentir cuando estás fuera) y aquí los juegos se juegan con las mismas reglas que mamaste y conociste toda tu vida.
    Del bucul saliste y al bucul regresarás!
    Besos!
    Helena

  9. Otra joya señito. gracias por compartir.

  10. Cada vez que escribis nos retrocedes… en la que era Guatemala cuando podias salir tarde y andar en las calles tranquilamente… ni modo todo cambia, pero como dic Borges en ti llevas los lugares….
    siempre se aprende yo no sabia a que le decian en jutiapa “bucul” como siempe que t siga fluyendo…

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