Para que siga sobreviviendo bajo la luz de la Luna Tucumana.

La luna llena entra por la ventana de aquel bar de esquina, justo allí atrás; se encuentra la mesa predilecta por el puñado de amigos latinoamericanos que; de cuando en cuando destilamos las noches en compañía de la luz macilenta de las velas que yacen apostadas en el centro de aquella mesa, te atrapa en su bruma el titipuchal de murales poéticos, el rostro impávido de Sor Juana Inés de la Cruz, un cuadro de una guitarra en relieve de Silvio Rodríguez te da la bienvenida, los párpados cansados de Pablo Neruda te vigilan desde su esquina preferida, allí yace con sus Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada, te saluda el fantasma de José Martí y el Che Guevara, juntos disfrutan la velada desde sus lugares privilegiados. Es noche de trova y copas, estás inmersa en ese mundo lejano a veces intangible pero real, esperando que en cualquier momento comience la peña y se apropien del escenario los patojos greñudos con sus guitarras y sus letras y su canto porque como escribiera Horacio Guarany en su inmortal canción: si se calla el cantor calla la vida, porque la vida, la vida misma es todo un canto…

Es necesario abonar las raíces para continuar de pie y no caer de rodillas en alguna de las mil trampas que diariamente te toca sortear en el enjambre gringo. Entre risas, humo y canto se destila la oscurana y allí estamos filosofando, acerca de temas varios, de esos que salen a flote en las conversaciones triviales, cuando la nostalgia embarga y la ingrata melancolía cobija el frio espanto de padecer lentamente en el destierro. Envuelta en suspiros esas noches de trova permiten a mi memoria regresar a las tardes nubladas de mi casa de estudios, a las noches indelebles de la universidad de mis amores mi USAC.

Comentaba un Che mientras se enterraba en el galillo su copa de vino; en Argentina por lo general se habla de balompié y política, bueno; yo diría que: lejos de Maradona y Perón, existe un Gardel, los asados, Martín Fierro y Borges, el sabroso sabor del Mate y las Coplas de Atahualpa; Ana María Pedroni (que es la argentina más guatemalteca que conozco) Facundo Cabral, y Mercedes Sosa “la Negra”. Argentina nos ha regalado mucho a los latinoamericanos y al mundo entero, hoy escribo porque siento la necesidad de expresar mi amor y profundo agradecimiento por ella, por Mercedes Sosa: “nuestra Negra”.

Conocí el destierro hace un resto de años, cuando mis canillas cenizas abonaban por allá de los catorce años de edad, en ese entonces una maestra de los básicos (Sonia Higueros) me vaticinó que yo podría tener un futuro diferente al de estacionar mis horas vendiendo helados en aquel mercado de poca monta (al que le debo mucho) pero fue muy clara en asegurarme que el inicio era la lectura y puso en mis manos gretadas un libro de poemas, esa misma tarde mientras el horizonte era arañado por los finos brochazos de color púrpura descubrí (como un primer amor) a Juan Diéguez Olaverri, allí solita, sentada en el tapial de mi casa, en la altura de aquella pared nadie pudo interrumpir sus versos, esas letras que sentí tan mías, crudas y fieles al dolor del exilio, su amor: A Los Cuchumatanes.
Pocos años después mientras cursaba el magisterio me internaba en el cubículo del profesor de Literatura, allí lo asaltaba a la hora de recreo y compartíamos entre la refacción, algunas opiniones acerca de las letras y el sentimiento que éstas despiertan en el corazón de quien las ama. El segundo amor vino a mi vida, en forma de “Payaso”: Mario Benedetti. Otro dolor sumado a mis nostalgias su exilio el que tal vez en mi inconsciente subrayaba que sería el mío, no sé, me da pavor pensar en que desde siempre supe que emigraría, que viviría en carne propia la reseña que te deja en el alma el morir de a poco, a cuenta gotas, en la lejana y mísera diáspora. Benedetti acompañó mis noches durante muchos años, con sus poemas, me aferré a sus libros, a sus letras con tal fervor que aprendí muchos de ellos, y de memoria me los recitaba en cualquier lugar mientras mis amigos jugaban a las cartas y algunos conocidos se convertían en “huele pega” , yo me convertía en la atracción de aquella esquina recitando mis poemas y el día en que alguien me puso una choca frente a mi pies le caí encima a trompadas… hasta reventarle la nariz y dejarla en vivos pitos de sangre, después continué con el último verso del poema. (Porque el espectáculo debe de continuar…)
Cuando murió Benedetti sentí un vacío enorme, un dolor profundo, una pérdida irreparable y aunque nos separaban muchos años de edad y experiencias vividas, (empero, esa distancia intangible desapareció) con sus letras me educó y me surtió de todo tipo de herramientas para enfrentarme a la adversidad, ayudó a que ésta humilde mortal comprendiera que la vida sigue siendo bella y hay que vivirla como te la barajea el destino, que es parte del crecimiento humano: el dolor y la injusticia, y; de regresar tenés, de volver a tu tierra, algún día será el del retorno. Luego comprendí que como canta algún poeta argentino: …el amor nunca se muere solo cambia de lugar… “El Payaso” no se ha ido, está aquí conmigo, en mis recuerdos, porque fue luz en aquellos días agrios de mi juventud, porque fue sostén y evitó que yo cayera al fondo de un precipicio del cual probablemente hoy no vería la salida.

Mercedes Sosa; para hablar de “ La Negra” hay que cepillarse la boca con ajáx y piedra poma antes de nombrarla, otra mujer que sufrió el exilio (como muchos cantores y escritores en su tiempo) oí nombrarla muy vagamente en mis años de pubertad; más bien diría que nunca, al contrario fue en alguna noche de trova de las que abundan en la USAC que escuché su inmortal, Gracias a la Vida que aunque escrita por la chilena Violeta Parra se internacionalizó en la voz de Mercedes. Para quienes vivimos en carne propia el exilio llámese obligatorio o “voluntario” (como le llaman hoy en día) y quienes conocemos de su música, sabemos que esas notas son como un remanso, un ungüento, un lienzo que ayuda a curar (en la medida de lo posible) las heridas que te marca el tiempo, y que te ensarta con saña la ausencia. Porque el estar ausente, el vivir caminando en otros terrenos que no son los propios te va dejando cansada, y te roba en un suspiro lo más preciado: el compartir con los tuyos. Te vas volviendo dura, seca, sufrir esa metamorfosis es de ley, perder es parte del vivir, y el emigrar tiene su precio, que a mi entender es demasiado caro. Mientras agonizás te dedicás a apilar nostalgias, recuerdos y sentimientos que se entanatan en tu ser.

Mercedes ha acompañado mis años de destierro, en las tardes en que te deviene la melancolía, allí ha estado su voz cantando, limpiando las heridas de mi corazón, en las mañanas largas y frías del invierno ha estado recordándome que: todo es pasajero y nada es para siempre. “La Negra” se ha convertido en una amiga fiel, su voz se acurruca quedita y sopla en mi oído las palabras que deseo escuchar y con ella me abraza, y llena de calor mi cuerpo frío y solitario, con su voz puebla mi soledad y baila al ritmo de mis nostalgias y me dice: Dale Alegría a Tu Corazón.

No me sorprendió saber hace unas cuantas horas del estado crítico en que se encuentra su salud, pero no dejó de dolerme el que probablemente le toque ir de regreso a su casa y que el colazo que dio en la tierra pronto tenga su fin, es difícil aceptar que se va una grande, una amante de la
Luna Tucumana, una ferviente seguidora de la libertad y la justicia, pero como reza en sus versos Facundo Cabral: simplemente se nos adelantará…

Hoy escribo éstas letras sumergida en una especie de trance porque siento dolor y alegría, el primero porque pueda ser que la carrera la alcance y el segundo porque me ha permitido gozarla durante éstos años, porque deja mi cuerpo impregnado de paz y me permite darle: Gracias a la vida, he comprendido que Todo cambia, que Soy Pan, Soy Paz, Soy Más. En su compañía he destilado los minutos de noches largas de insomnio y hemos disfrutado la Canción de Las Simples Cosas, he entendido que soy Como La Cigarra, ha logrado que concilie el sueño cantándome quedito Duerme Negrito y me llevó en un colazo a la Gomera de los años de mi madre en alguna balsa de El Cosechero me enseñó a Honrar la Vida y a acariciar Las Manos de Mi Madre a entender que el ser humano sigue Sobreviviendo, hoy Solo le Pido a Dios que se haga su infinita voluntad y que si es el tiempo de la despedida, encantada la abrazo en la distancia y agradecida le digo con los Vientos del Alma, Yo Vengo a Ofrecer Mi Corazón que aunque quisiera Volver a los 17 hay una Razón de Vivir que como Pájaros en el Aire mis brazos se extienden y Vuelvo al Sur para abrazarla en un cálido ¡Hasta Pronto Negra!

Ilka Oliva
Viernes 02 de octubre de 2009.
Estados Unidos.

4 comentarios

  1. Tremendo homenaje, Ilka. También me sentí muy triste cuando se nos fueron; a ambos los conocí en mi época de estudiante Sancarlista.

    Pero aunque ya no estén en esta tierra, se inmortalizaron. Quedaron en los corazones de quienes amamos y trabajamos por la justicia, equidad, solidaridad la libertad.

  2. Puchicas Negrita, ahora hasta se nos colo entre las Pitonisas a las cuales les huimos, por el miedo a las crudas realidades. Nunca hubieramos querido que nuestra (nuestra, porque era de estas tierras morenas) trovadora nos abandonara, pero sabemos que ahora vela por nosotros junto a tantos otros que andaran carreriando en la faz del tamborcito calchaquí, que siempre supo de su largo caminar.

    Saludos en estas horas tristes.

    http://www.tertuliasymas.com
    Con mas de 100 mil visitantes y de donde pueden viajar directo a La Guatemal de Ilka.

  3. Excelente homenaje que te mandaste Ilka a quien con su dulce e inspiradora vos nos convoca y llama a la lucha infinita en la búsqueda de otro mundo más humano. “Herman@ dame tu mano vamos juntos a buscar una cosa pequeñita que se llama libertad” hermosas palabras que inchan el corazón….
    HBM

  4. …Hasta la Victoria Siempre…

Deja un comentario