La Terminal, brilla con luz propia.

Hoy como todos los domingos, (desde hace muchos años) leo religiosamente Revista Domingo, antes lo hacía porque me fascinada adentrarme en las historias, conocer por medio de la lectura y fotografías lo que no podía hacer en persona. Hoy por hoy (que radico en otros lares por esos recovecos del destino…, designios de Dios y por las decisiones personales) lo hago como recargo de energía, es como tomarme un mí tolito lleno a rebalsar de Incaparina todas las mañanas: porque te nutre. En éste caso el efecto va directo al alma, sin escalas (como los vuelos de Taca nocturnos, de Guatemala a Chicago) me interno nuevamente en esa Guatemala poblada de historias de todo tipo, lo hago para revitalizar y abonar esa identidad que me ha permitido sobrevivir a ésta realidad que ahora respiro.
Me extrañó no escuchar el canto del gallo pinto hoy por la mañana, como lo sigo extrañando todas las madrugadas antes de que salga el alba, (pero lo escucho en mi memoria que es lo más importante) no quise ahondar en el sonido ausente así es que agarré mi taza de café (que me mandó mi abuela, de allá “pon´diuno”) que descansa en éste momento sobre mi escritorio y en la pailita que yace a un costado, me cantinea un pedazo de quesadilla del mismo pueblo. Viajaron ambos así de incognitos más de cinco mil kilómetros de distancia, atravesando dos fronteras para poder llegar a rendirse ante mi paladar pueblerino.
Pues aquí estoy ahora tratando de ubicarme, frente a la pantalla del ordenador, con una frazada envuelta sobre las tabas, porque hace un frío de once mil ma…. Y no es que sea cuentera, si pudiera transmitírselos en éstas letras creo que irían tiritando sobre toda la terracería de la tecnología del Internet y probablemente su ordenador quedara con la apariencia de un topoio de coco. (De los que alguna vez vendí y ustedes puyarían con tortilla tiesa con tal de probarlos, pero bueno; esa historia se las cuento al regreso).
Mi sorpresa fue que al leer en el editorial: Un mercado marcado. Juelagrán púchis! Esa memoria chanchullera me empezó a cucar, y digo echa pistola a empotrarme con aquel tilichero de experiencias añejadas: El mercado La Terminal.
Vaya si lo conoceré, desde que era una ishta, mocosa, con la canillas cenizas me andaba a pata sus vértebras: que suelen llamar callejones, (por momentos me apeo de esa nube y sorbo un trago de café) y veo la lica nuevamente en cámara lenta, en blanco y negro, color sepia y multicolor según sea el caso. ¡La Terminal, já! los perotes más sabrosos que he degustado en mi vida los venden allí, (aquí he tratado de trancear al paladar y me compro unas mis manzanas verdes, pero él se hace la bestia, como de costumbre para no ofenderme, pero igual sabe que sólo el color tienen parecido) espantada veo cómo me chulean los ramos de claveles rojos, las gladiolas, las rosas, las chatías y el eterno; no- me – olvides (del que llevo las semillas a donde quiera que voy)No hayo por dónde empezar el recorrido, son tantos los callejones, las salidas, los recovecos, que me pierdo entre tanto cachivache. Por allí gritó alguien: ¿qué va llevar seño? ¡a cinco quetzales la medida de yuca! Por allá gritó otro paisano ¡Venga acérquese, mi doñita, traiga al patojo y cómprele una cajita de polvo amarra amores! (y yo encantada me acercaba de shute como siempre, como si fuera conmigo la cosa, a ver aquel resto de botes, de bolsitas, de ramos de siente montes, de candelas de colores, pero lo que me faltaba era ese mentado amor, para poder enlazarlo, amarrarlo y apercollarlo).
¿Usted ha comprado plátanos en la Terminal? Sí, le pregunto a usted que está leyendo. ¿No?! Pues qué está esperando! Llévese su bolsa hecha de costal, póngase un su par de tenis jiotosos y vaya a degustar de la maravilla del lenguaje coloquial que allí radica y que lo abrazará encantado. ¿Qué le da miedo porque allí puyan con tortilla tiesa?!No sea cuenter@ porque en donde usted vive también! Ahora la situación está pareja, así que no sea clasista, racista, egoísta y todo eso que termina en ista…
Me adentro nuevamente sobre esa balsa flotante de emociones, y trato de remar lago adentro, en busca del sector en donde venden los manojos de cebolla (que malaya encontrarlas así de frescas en éstos supermercados) y comprarme uno de medio ciento de tierna para azar… medio racimo de guineos y unas mis dos manos de pomelas.
De a poco en poco (como todo) me llega haciendo bulla el olor de la panela canche, lista para hacer molletes, de repente me distrae; me baja de la nube: la bocina de una camioneta de las que te llevan a la Cuna del Sol, (me dan ganas de brincar de ésta silla y carrerearla antes de que se me vaya y tenga que esperar cerca de la venta de jugos de naranja una mi hora a que aparezca la otra con toda su choya y es que es insoportable la hedentina de los sanitarios públicos que yacen llenando de su fétido olor el ambiente) pasando por Los Esclavos, La Conora, El Amatón (allí me apeaba) Quezada ( la tierra de Pepe Milla) y así hasta llegar más pa ‘llá que pa ‘cá a la cabecera departamental. Pero no sos subamos todavía en la burra, quedémonos esperando la siguiente y continuemos con el recorrido en las venas de ese pintoresco mercado. Ha visto la cuadra esa en donde remiendan los zapatos? ¿No? ¿Púchis usted está choc@? Lujo de compostura le hacen a los italianos que usted compra en el mercado del Guarda, llévelos hombre, viera que quedan muy bien.
Se me antoja un mi caldo de patas. ¡Vonós! ¡Conste que no le estoy dando carreta, vamos de verdad! No me diga que le hace mal porque ya lleva años viviendo fuera de Guatemala y que tiene que llevar sus pastillas tapa caños…!no tenga pena allá le conseguimos un olote! Sí, con los que se limpiaba el…. Cabal ese mismo en el que está pensando…
Me contaron que su carro anda con una llanta clueca, no tenga pena váyase a la llantera que está a las afueras, por la entrada del lado de la zona ocho, cerca de la avenida Bolívar, y si le hace falta máiz para sus tortillas o para alimento de sus pollitos pelucos, de una vez baja las gradas esas que están cerca de la línea del tren y cruza a mano izquierda como a media cuadra va a encontrar el granero. No sea caquer@ pues, no me diga que ya ni tortillas come, já.
Cuando cruce allí mismo pasando la línea del tren a mano derecha, tenga cuidado al escoger las papayas y las sandías, primero dele unos golpecitos con la yema de los dedos en la mera panza para ver si son de las buenas (tiene que sonar como a panza de tepocate mareño) y si no suenan, mejor no las compre. Lo que si no le aconsejo es que se corte las crines en esas peluquerías peor si le da sueño y se duerme en el caballito, olvídese lo van a tusar. (No es que a mí ya me lo hayan tusado aclaro… bueno bien y me lo dejaron como cabeza de coquecha, pero eso me sucedió aquí en estos lares: es que me lo cortaron en inglés y no en español).
Vaya si he recordado con la leída esa que me untó de nostalgia, lo bueno es que la nostalgia parece vaselina te sirve para curar, para refrescar, para mantener la piel de seda (tipo Pantene con el cabello, si pues) de bebé recién nacida.
Alguien mencionó que en La Terminal abundan los prenses entre los choferes de las camionetas y una que otra patoja vendedora, ¿pero si en dónde no abundan los prenses hoy en día? Lo que pasa es que la mara como siempre; aspavienta con su trompota de coche como si ell@s en su momento no tuvieron agarres de esa índole. Lo normal de la vida cotidiana, se da en todos las clases sociales los prenses son y seguirán siendo el pan nuestro de cada día, sino mirále los labios revitalizados a tu hij@ cada vez que regresa de la escuela.
Por último y no menos importante les recomendaré a quienes no ubican del todo al magnífico mercado topado de historias (ahora que menciono
ubicar me recordé de una mi cuata de esas que nadan en pisto… que me decía que nunca había pasado por la avenida Bolívar, porfa que no les pase las de ella…) que no sean embelequeros y que se pongan una su mudada algo vieja (de las que les han de abundar… no sean casaquer@s…) se lleven cabal lo de su pasaje y se adentren entre esos chicotes que son los tendones de un mercado que respira con corazón propio.
¡Y de paso me invitan a una mi bolsita de mango verde con pepita, limón y chile!


Ilka Oliva.
18 del mismo mes de enero.
Estados Unidos.

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